los abuelos y la crianza

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LOS ABUELOS Y LA CRIANZA D E LOS NIETOS

 

Es moneda corriente en España que los abuelos cubran las carencias de una ineficiente organización social y es corriente también que las soluciones que se proponen no cubran las necesidades para las que fueron propuestas, en general porque no hay recursos económicos ni bien pensados disponibles para tal fin y en particular, porque las iniciativas que se emprenden acaban siendo igualmente insuficientes.

Ante la insuficiencia de nuestros servicios sociales se presenta la envidiable posición de los países nórdicos: leemos, vemos reportajes, viajamos a esos países que nos muestran una organización social de lo más cercano a la “excelencia” para nuestros parámetros de bienestar social.

Ahora bien ¿Qué es el bienestar social?

Entre otras muestras de bienestar, la posibilidad financiada por el Estado de un puerperio alargado hasta los dos años del bebé y más allá sin perder la situación laboral anterior, lo es.

La atención de los mayores que no se ven obligados a pasar en residencias geriátricas los últimos años de su vida, también lo es.

Hasta aquí concuerdan nuestras aspiraciones a disfrutar unos servicios sociales similares a los de los países nórdicos pero si nos paramos a observar otros asuntos que pasan entre la infancia y la vejez en nuestro país y en el norte podemos colegir que ambas sociedades son insatisfactorias.

Unas y otras y tal vez, todas las sociedades derivan del tribalismo, de la necesidad de convivir en grupo para garantizar la supervivencia individual y la supervivencia de la especie; desde entonces se han sucedido diversos modelos de sociedad, ninguno perfecto se puede señalar, pues las noticias que llegan del pasado, más o menos creíbles, nos enseñan permanentemente sociedades de sumisión entre iguales.

La más llamativa sociedad que ha sobrevivido a todos los modelos de dominación entre hombres y que aún perdura en el seno de la sociedad nuclear e igualitaria  es la dominación sobre las mujeres.

La ausencia de las mujeres en la construcción de las sociedades humanas es la causa de que las sociedades actuales no encuentren el equilibrio necesario para ser satisfactorias, he aquí un ejemplo que puede sostener estas aseveraciones:

Al primer golpe de vista e incluso al segundo podemos valorar la sociedad de los países escandinavos como modélica, si tomamos como referencia el hecho de la igualdad entre sexos, que ha llevado a un reparto igualitario de tareas y oportunidades en la moderna y tecnológica sociedad actual de los países nórdicos.

No obstante, no parece ser el parámetro de igualdad capaz de salvar a los ciudadanos nórdicos de vivir en una mayoría de hogares habitados por una sola persona o dos, los adultos solos y los niños solos, pues es habitual la familia monoparental  constituida por un adulto, madre o padre y un niño o una niña, que espera en soledad largos espacios de tiempo hasta que llega a casa su adulto de referencia, a su vez está creciendo la compra por Internet de equipos completos de inseminación artificial que muestran una soledad profunda y carente de amor esencial.

Si la soledad se manifiesta en los inicios de la vida no es diferente para terminarla y sucede que un 46% de las personas fallecidas no son reclamadas por nadie y los países nórdicos tienen la tasa más alta de suicidios de Europa. Cifras no muy recientes, de hace 10 años, colocan la primera causa de muerte en Finlandia por ingesta incontrolada de alcohol. La violencia física y/o sexual contra las mujeres alcanza un porcentaje de más del 45%.

Llevada a su completitud la sociedad nuclear igualitaria, es decir, desparecidas las contingencias del patriarcado y el machismo en la organización social, descubrimos una sociedad insatisfactoria e infeliz en su conjunto. No obstante circula por todas partes, sobre todo en las agencias de viaje una cantinela de “países nórdicos, países felices”.

Este ejemplo tan largo que he descrito ha tenido el objeto de señalar que la organización nuclear de la sociedad, la igualdad de género y la abundancia de recursos económicos no determinan por sí mismos una sociedad feliz y ese componente de infelicidad la hace insatisfactoria.

Volvamos al título del texto, sobre los abuelos españoles: en estas fechas en las que escribo, los abuelos españoles trabajan a jornada completa, ocupan las calles reivindicando un aumento en sus pensiones y muchos de ellos se encargan de los nietos mientras que padres y madres cumplen con su jornada laboral, ambas tareas están relacionadas:

Los salarios de los trabajadores españoles no alcanzan para evitar la implicación de los abuelos en el cuidado de sus hijos y la tasa de paro es tan alta, que a los abuelos no les alcanza la pensión para poder seguir ayudando a sus hijos desempleados.

Y ambas cuestiones son materia de Estado.

Además de los abuelos, las calles se ven también ocupadas por las mujeres, ellas han salido a la calle, con sus madres, con sus hijas, con sus hermanas, con sus abuelas, con sus amigas, han salido a gritar: Basta ya.

Y ese grito nos muestra una sociedad insatisfactoria:

Ellas tienen a sus hijos al cuidado de sus padres.

Ellas no pueden tener el número de hijos que desean y muchas de ellas no pueden tener el primero.

Ellas tienen un salario que no alcanza para sostener una familia y muchas de ellas no tienen trabajo.

Ellas tienen cercana una visión de violencia machista y algunas de ellas la sufren en sí mismas.

Ellas no pueden formar aunque quisieran una familia nuclear igualitaria.

Ellas son dependientes de sus familiares a largo plazo.

A pesar de todos los imponderables,  a Ellas se las ve contentas en la calle, felices, tranquilas, muchas de ellas han dejado los delantales colgados de los balcones de las ciudades que procesionan ¿Acaso están locas?

No, están vivas, han salido a las calles en amor y buena compañía a gritar: BASTA YA.

Basta ya a la violencia social que genera machismo, brecha salarial, desprecio institucional por la maternidad, por la infancia, por la vejez, por la vida en equilibrio razonable.

Basta ya de un poder político que se debate entre la corrupción y el ombliguismo.

Ellas, las mujeres, han salido a la calle y han puesto en jaque mate a la sociedad patriarcal que  nos precede y a la sociedad nuclear que nos invade y han destapado una realidad insatisfactoria y una tarea pendiente.

Una realidad insatisfactoria en una sociedad diseñada por y para hombres: Un diseño masculino para el nacimiento, las ciencias, las letras, las modas del vestir, del adorno, de la gastronomía (qué se come, a qué horas se come, a qué horas se trabaja) el diseño masculino se extiende a las costumbres cotidianas, al ocio, al pensamiento hasta conseguir la colaboración de las mujeres en la transmisión de la preferencia por el hijo sobre la hija legitimando la supremacía del hombre (por supervivencia)…

Acabo aquí esta relación de agravios porque sería muy largo y tal vez imposible enumerar el daño que la supremacía del hombre ha cometido contra la mujer y a la vez contra sí mismo, pues no es gratuito dañar a la madre – el ser más amado por propia y pura esencia humana –

Este daño presente en mayor o menor medida en todos nosotros puede empezar a subsanarse y esa es la tarea pendiente de ELLAS:

Construir de la mano con la colaboración de Ellos una sociedad armónica, respetuosa con las dimensiones física y espiritual del ser humano.

¿Cómo se construye una sociedad satisfactoria? Aportándole Amor Incondicional.

¿Dónde está el amor incondicional?  En la MATERNIDAD.

¿Cómo se vierte el amor incondicional en la construcción de una sociedad satisfactoria? Cambiando la manera de nacer:

Devolverle a la mujer el protagonismo intrínseco y legítimo de la Maternidad:

Desmontar la falsa verdad que se oye en todos los rangos sociales de que “El parto tecnológico es una opción obligada de parto sin riesgos” cuando la verdad sería decir que los riesgos del parto se agravan en un parto tecnológico rutinario.

Promover una formación de acompañamiento al parto en la que obstetras, comadronas y parteras convivan con experiencias naturales del parto y no exclusivamente con la noción médico-quirúrgica  y por tanto enfermiza del parto.

Transformar la formación masculina médico-quirúrgica de los profesionales heredada de tiempos sumamente machistas incorporada a la formación actual en comprensión de lo sutil de una experiencia única encardinada en el cuerpo, en la memoria y en el psiquismo de dos seres que forman temporalmente uno solo y ambos dependientes e independientes a la vez uno de otro.

La formación de las personas que acompañan embarazos y partos tiene que acercarse a las embarazadas humilde y respetuosamente y aceptar que el fenómeno de la concepción, el embarazo y el parto – de la maternidad – contiene la capacidad de autodesarrollarse y autoresolverse con excelente maestría, en un medio de amor incondicional, misterioso, natural y pleno de sabiduría.

Numerosos profesionales y numerosas parturientas han tenido la oportunidad de asistir y acompañar partos que se han resuelto de manera incomprensible (sin intervención de la madre ni del profesional)

Numerosas mujeres han experimentado en sus partos la sensación irreprimible de estar dando a luz sin empujar voluntariamente al tiempo que asisten a un episodio no controlado por ellas de enorme y sabia autonomía.

Puede ser esa peculiaridad del parto lo que Michel Odent llama de forma que se asemeja a un proceso científico: Eyección fetal y que en realidad es nada más y nada menos que la capacidad numinosa y sublime de la Maternidad.

Pues bien, cuando la madre confía en su capacidad está transmitiendo a su criatura no nacida confianza y seguridad a la vez que circula entre ambos el amor incondicional.

Construiremos la sociedad satisfactoria cuando rescatemos el nacimiento de la violencia machista que el “parto sin riesgos” y la ideología que lo sostiene nos imprime y esa es la tarea pendiente de las mujeres a que me he referido más arriba. Arremeter con esta tarea y ponerla en marcha solo puede traernos paz y alegría de vivir, es decir, sociedad satisfactoria.

 

Carmen C.

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PREPARANDO EL NACIMIENTO: Qué se encuentra un recién nacido al llegar al mundo y qué necesita*

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El nacimiento humano es un tema que se presta a un abordaje muy variado, desde múltiples enfoques, yo planteo que lo abordemos de forma que no sea un parlamento pesado y arduo sino que situemos los ejes centrales de la conversación y  a partir de tenerlos anclados charlemos entre todas de los que ellos sugieren.

Sugiero que partamos del nacimiento humano moderno – que no es distinto al nacimiento humano antiguo, claro está- pero sí muy distinto en los enfoques socio- políticos, culturales y psicológicos; tomaremos el enfoque que nos interesa recoger para observar la evolución del tratamiento del parto a la luz de las teorías -fundamentalmente psicológicas – que sobre él se han cernido. No abordaremos el aspecto puramente social del parto que para mí es aquello que se destila en la sociedad para consumo de todos, ya sean ideas, costumbres, sexismo, machismo u otras ideologías varias que influyen en el parto y son moneda común en  nuestro quehacer diario.

Aunque pueda parecer que me aparto del tema en lo que a continuación voy a exponer, veréis en seguida que retomo el subtítulo de la charla – Qué encuentra y qué necesita un recién nacido cuando llega a este mundo – lo haremos así para poder enlazar adecuadamente con lo que queremos contar, pues la cuarta matriz perinatal de Stanislav Grof aboca directamente a las necesidades que el bebé precisa abastecer cuando nace.

No invento nada si digo que Freud fue el pionero más destacado en introducir el concepto del psiquismo como parte actuante en la vida consciente de las personas y la influencia del inconsciente individual sobre la vida cotidiana consciente de los individuos haciendo de ella un tormento si los traumas ocurridos en la infancia no se resuelven adecuadamente, para lo cual propuso la terapia del psicoanálisis.

Se popularizó el concepto de complejo y entre los variados complejo nos cabe para este tema traer a colación el “complejo de castración” que consideraba estar sobre las cabezas de todos los niños y niñas presto para desarrollarse por poco que las condiciones lo permitieran y que consiste en la forma de entender en la infancia la sexualidad que en esa etapa de la existencia –dice Freud– “tienden a focalizarla sobre el sexo de los padres”, según sea esa focalización, sobre la madre o sobre el padre, el complejo será de Edipo o de Electra –distinciones que teorizaron posteriormente los psicólogos en aquel tiempo– ambos complejos están basados en el complejo de castración que Freud consideró deberse a la sensación que niños y niñas padecen cuando ven en sus cuerpos las diferencias sexuales –las niñas de estar castradas por la falta de pene y los niños  amedrantados por la posibilidad de perderlo. Teniendo la sexualidad como centro de los complejos en la edad infantil se discutió mucho sobre el tema y sin poder dar con la solución a este problema pues el psicoanálisis no iba dirigido a los pequeños sino más bien y con mayor “aprovechamiento” a personas adultas que manejan el lenguaje en suficiente amplitud como para poder liberarse de un trauma al traerlo al presente por la palabra (el psicoanálisis que hemos mencionado antes), cuestión que no es aplicable a un niño.

Sirvió este debate entre otra multitud de cuestiones (acabó dando paso a la última rama de las escuelas de psicología, la llamada “psicología transpersonal”) para que uno de los discípulos de Freud, Otto Rank avanzara en la datación de los sufrimientos de la infancia: una infancia que se ve castigada por esa deprimente falta de pene y que presenta como “natural” la pérdida de un órgano que produce dolor y en consecuencia miedo. Eso fue cuando al final de la segunda década del siglo XX Otto Rank publicó un ensayo que iba a dejar en segundo plano los complejos de Edipo y Electra derivados de la “castración” para centrar su atención en “El trauma del nacimiento”.

El trauma del nacimiento quita importancia al complejo de castración y, entre otras cuestiones, supone la aceptación de que existe un sufrimiento inherente a la sexualidad de las personas y coloca el primer sufrimiento del ser humano en su mismo nacimiento: El nacimiento es la pérdida del paraíso que representa la vida intrauterina: Empezamos a ser antes de nacer y sufrimos para nacer. La sexualidad es sufrimiento.

Estos planteamientos apoyaban las teorías religiosas que confieren al embrión la categoría de ser humano cuya alma aparece en una semana precisa del embarazo –en el embrión niño se presenta una semana más pronto que en el embrión niña. Al mismo tiempo existía, y aún existe en amplios sectores de la población, la convicción de que el bebé intrauterino está exento de la problemática del entorno que lo envuelve y de la problemática de sus padres.

Otto Rank culpó al parto de ser el agente causante de la pérdida del paraíso y años más tarde, en pleno siglo XX y XXI, los investigadores que se ocuparon de estos temas que por citar un nombre clave nos centraremos en Stanislaw Grof –psiquiatra que en la actualidad aún batalla en los terrenos de la consciencia del ser humano– describió las matrices perinatales para que podamos entender a lo largo del parto el drama humano de trascender de un mundo invisible, sutil e inconsciente a un mundo encarnado, material y consciente que es al que se llega cuando se han podido rebasar las cuatro matrices.

La primera matriz perinatal: Corresponde al estado de gestación previo al parto, llamado también urobórico, se identifica con una experiencia de felicidad, de paz, de amor, una sensación oceánica (así la describen testimonios de adultos a los que se les ha guiado en una regresión terapéutica) y con un estado amplio de consciencia, sin límites, de identificación con la madre, simbiosis materno-fetal.

La segunda matriz perinatal: Va desde las primeras contracciones del parto hasta la  dilatación completa. Es la desesperación, la locura, todo se ha vuelto al revés, el dolor físico y emocional aparecen, también una sensación de callejón sin salida, impotencia, apremio, ansiedad, peligro de muerte, claustrofobia, es el periodo de dilatación.

La tercera matriz perinatal: Es la del descenso por el canal del parto, es la opresión, la asfixia, sentimientos de muerte. En la desesperación  se ve salida  al final del túnel. Esta matriz está relacionada con la agresividad, el dolor, la ansiedad, la excitación y el placer, una experiencia ambivalente que genera memorias que alternan entre el sentimiento de víctima y de verdugo. Es el periodo expulsivo.

La cuarta matriz perinatal: Es el fin de la tensión y la lucha por salir del canal de nacimiento, la vivencia de esta matriz está relacionada con el acogimiento, el vínculo del recibimiento, la muerte y el renacimiento, es el encuentro con el mundo exterior. Es: Lo que ocurre después de la tormenta y de eso es de lo que vamos a tratar ahora.

De nosotros, los que acompañamos el parto incluyendo a la madre, depende en gran medida si la tormenta que el bebé acaba de atravesar vira hacia naufragio o hacia una navegación serena que lo deposita en un puerto seguro.

¿Qué encuentra el bebé que asoma su cabeza a este mundo, incluso antes de que su cuerpo haya terminado de salir? Un cambio de temperatura nunca percibido sobre su cuerpo: pasa de la tibieza dentro de la bolsa amniótica al calor o al frío del medio externo. Un impacto desconocido del aire sobre su cuerpo donde antes estaba la semiingravidez de su refugio uterino, blando y ligero, ahora es pesado. Un espacio ilimitado sin madre donde antes había un espacio limitado, concreto, adaptable, exclusivo, con madre. Una textura del medio ambiente seca donde antes era húmeda y cálida. Un ruido ensordecedor donde antes era silencio. Una luz cegadora donde antes era oscuridad. Bocanadas de aire que se infiltran como el fuego hasta los pulmones (así describe Frédérik Leboyer las primeras inspiraciones del recién nacido) donde antes no era menester la acción de respirar para vivir.

Un vacío total, sin límites donde antes era un continuo entre dentro y fuera, sin distinción, sin distancia, sin aristas, limitado e ilimitado al mismo tiempo, en simbiosis perfecta con la madre.

No podemos dejar de ver a través de esta vivencia el drama de la trascendencia vital del nacimiento por el que hemos pasado todos los seres nacidos de mujer, en ella estamos inmersos hombres y mujeres. Cada uno de nosotros hemos vivido intensamente nuestro nacimiento, las mujeres que además son madres pasan por varios nacimientos, el propio y el de sus hijos, y los hombres y las mujeres que no han sido madres tienen la experiencia de su propio nacimiento. Todos hemos vivido nuestra propia maternidad, todos hemos llegado más o menos maltrechos a la cuarta matriz perinatal.

¿Qué ansiamos encontrar cuando acaba la travesía? Ansiamos el reencuentro con una referencia de los dos mundos a la que asirnos: del mundo recién abandonado y del mundo recién encontrado. Esa referencia es la madre.

Buscamos la madre: Su olor, su sabor, su regazo, su voz. Cuando un bebé nace, un buen acompañamiento es aquel que no lo separa del cuerpo de la madre sino que lo mantiene encima de ella y en la ascensión a sus brazos ya lo mece con sus palabras suaves y tiernas de bienvenida a la vez que sus brazos lo izan hasta su regazo. Allí, en el regazo, la madre abraza a su recién nacida criatura, la conforta, la seca, la calienta, la sostiene y la mira.

Reencontrada la madre ¿Qué necesita un recién nacido?

En el primer instante:  Una acogida amorosa, cálida, pacífica, silenciosa, una escucha activa y pasiva al mismo tiempo: para saber que nos dice su llanto, su actitud: si está horrorizado oprimir y susurrar puede serle útil, si llora le irá bien un susurro materno acompañado de un leve balanceo, si el bebé está sosegado respetar, abrazar siempre y observar atentamente para empezar a conocerlo, darle el tiempo que necesite para calmarse sobre el regazo materno, no manifestar prisa ni ansiedad, transmitir seguridad y amor, hablarle con sinceridad y amor, mantener  contacto continuo con su cuerpo, mantener una buena temperatura corporal, que no pase frío, tapar la cabeza y evitar que pierda energía.

Después del primer instante ¿qué hacer? Cortar el cordón, arropar, ofrecer el pecho si no ha manifestado antes  intención de succionar, facilitar su descanso, combinar el silencio con un sonido familiar para el bebé, como música que haya escuchado en la gestación y que le gustaba o simplemente el sonido ambiente de su entorno de los meses anteriores al parto para que sepa que no se ha perdido, que el mundo del que viene está presente. Puede estar agotado el ser que llega, en ese caso es posible que no tenga energía suficiente para succionar y hay que esperar con paciencia a que se restablezca, puede ser que prefiera dormir a otras actividades, hay que respetar esa tendencia al sueño que tal vez le sirva para armonizar su ser maltrecho del parto.

Y siempre:

Mantener una actitud en la que esté presente la comprensión, la observación respetuosa, la atención: a su llanto, a su sueño, a su alimentación, a sus indisposiciones intestinales, a sus deposiciones, a su expresión, a sus miedos…

 Combatir la peligrosa tendencia a pensar que sabemos todo lo que tenemos que saber del recién nacido y que lo conocemos. No es cierto, el recién nacido es un desconocido incluso para sí mismo, tiene que empezar de nuevo aquello que quedó pendiente en la vida intrauterina: sus recuerdos, sus olvidos, tiene que aceptar la no existencia de su vida anterior, tiene que adaptar su consciencia a un mundo nuevo que no conoce y en el que tampoco lo conocen a él.

Si el bebé ha pasado por un parto terrible necesitará tiempo y comprensión para superar los desgarros que le haya causado. Si un bebé con un  parto traumático acude al sueño para olvidar y reponerse, hay que acompañarlo y ayudarle a despertar.

No hay que dar por hecho que lo sabemos todo de los bebés y tratarlos desde nuestra perspectiva de adultos, tal vez ayude más partir de la humildad y reconocer nuestra ignorancia sin querer suplantar con respuestas inadecuadas lo que no sabemos. Por ejemplo: si el bebé no responde a una “orden” o a un prototipo que se supone “para bebés” no hay que entrar en el juego de los prejuicios y decir: “Es un vago” porque no haya reaccionado a los requerimientos de un adulto o no se obtenga de él la respuesta esperada.

No se debe entrar en ninguna tesitura de la cual se desprenda un menosprecio para el bebé.

La ley que funciona a la hora de acompañar a un bebé en buena salud es intentar comprenderlo, ponerse siempre de su lado, respetar sus tiempos y sus ritmos, si le gusta el silencio proporcionárselo, si le gusta la oscuridad no aturdirlo con la luz, si quiere estar solo no agobiarlo con una presencia excesiva o invasiva, si quiere estar acompañado complacerlo, si llora consolarlo, el llanto es un modo de expresión, generalmente de incomodidad, a veces por dolor, a veces por hambre, a veces por sueño, a veces por exceso de ruido o de estimulación. El bebé sabe cuándo lo juzgamos, cuando lo aceptamos, cuando nos resulta pesado, cuando lo queremos, el bebé tiene un nivel de consciencia diferente al nuestro de adultos y no debemos intentar poner su consciencia al mismo nivel que la nuestra ni menospreciar la suya por considerar que no nos comprende, seguramente no nos comprende pero su nivel de consciencia comprende perfectamente cuando es aceptado, juzgado, rechazado, menospreciado o amado incondicionalmente.

Si no sabemos qué cosas funcionan con el bebé para su perfecto confort sí sabemos que el amor, la paciencia, la comprensión, la transmisión de seguridad, la observación amorosa y el respeto funcionan siempre.

CUANDO EL BEBÉ DUERME DEMASIADO

Tanto cuando un bebé duerme demasiado como demasiado poco o llora constantemente o en exceso hay que extremar el cuidado, no se puede tildar a los bebés que tienen esas dinámicas de que “ellos son así” porque lo que ocurre es que nos están pidiendo auxilio, las tareas con los bebés han de ser muy cuidadosas porque se expresan de distintas maneras y nunca como cabe esperar de ellos, de hecho no hay nada que esperar de ellos sino estar a su servicio con una actitud tranquila, firme, segura, sostenedora, amorosa, diligente y comprensiva.

Hay que tener en cuenta que la respuesta de un bebé a una incomodidad que no está llevando bien puede hacerle dormir para olvidar esa incomodidad con la que no puede.

Dormir lleva al inconsciente a lugares anteriores al nacimiento tan ignotos para nuestra consciencia como ignoto es para nosotros la forma en que el bebé se defiende de sus traumas de nacimiento y/o de un mal acogimiento. En estos casos hay que respetar ese sueño excesivo sin menospreciar la poca actividad vital del bebé ni su falta de energía para estar más tiempo en vigilia, acompañar significa también estar prestos a que su alimentación sea la que necesita e ingeniarse la forma de nutrirlo convenientemente sin perturbar su necesidad extra de dormir, lo mismo ocurre con bebés que lloran en exceso, duermen poco, se despiertan gritando y no se ven sosegados cuando están en vigilia.

Hay que estar atentos para despertarlos, para dormirlos, para sosegarlos, para conducirlos con dulzura por este mundo que no le ha empezado a ser grato desde el comienzo.

La observación atenta y diligente en el primer año de vida va  a ser crucial para que el bebé olvide los agravios recibidos y confíe en el mundo. Conseguir ofrecer un acompañamiento de calidad a un bebé es la tarea más difícil, necesaria, preciosa y agradecida a la que nos podemos encomendar en los primeros años de vida del ser humano. No escatimemos esfuerzos.

Carmen C.

* Texto de la charla realizada el 18 de mayo de 2016 con y para  mujeres embarazadas convocadas por la asociación de lactancia “Lactabebé”

La observación ingenua

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Me mueve a escribir esta entrada su propio título: “La observación ingenua”, aseveración manifestada por el Dr. Boris Cyrulnik en su libro titulado: “Bajo el signo del vínculo” cuya portada muestra una silueta de mujer que envuelve otra silueta en su interior representando un bebé y en su contraportada los siguientes datos curriculares del autor: Neurólogo, psiquiatra, psicoanalista, uno de los fundadores de la Etología humana [1], profesor de la universidad de Var, responsable de un grupo de investigación clínica en el hospital de Toulon (Francia). Lee el resto de esta entrada

Los cetáceos y el nacimiento humano

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belugas

Esta foto apareció en octubre del año pasado en un diario chino acompañando la noticia del nacimiento de una ballena en un parque oceanográfico [ver noticia]. La imagen nos transporta directamente a los fascinantes relatos e historias de la investigación de Patrice Van Eersel en su libro El Quinto sueño que yo terminé de traducir hace más de dos años y del que hablamos en la entrada del 20/04/2012 con motivo de su estrecha relación con el tema del que se ocupa este blog: el ser humano y el nacimiento. Lee el resto de esta entrada

El Parto Sagrado

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Hace unos años asistí el segundo parto de una mujer africana que ingresó en el hospital por  “bolsa rota”, proceso llamado también amniorrexis espontánea, rotura prematura de las membranas amnióticas y en América Latina, rotura de la fuente.

Era madre de un anterior hijo pequeño aún y con su marido constituían una  familia fuera de su país, ellos convertidos en sus únicos acompañantes que no pudieron permanecer con ella en la habitación que se le asignó en la Unidad de Ginecología y Obstetricia y que habitó con otra mujer ingresada como ella durante toda la noche y toda la mañana del día siguiente.

Sin contracciones que anunciaran el comienzo del parto y con más de 24 horas de bolsa de las aguas rota, Lee el resto de esta entrada

China y la maternidad

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El grito de alarma que salió a la luz con la publicación en los finales años setenta del siglo XX del libro “Por un Nacimiento sin Violencia” de Frederik Leboyer y al que siguieron numerosas manifestaciones de opinión en este mismo sentido –muchas de ellas recogidas en este blog- sigue expandiendo su eco por el mundo. Este verano – junio de 2014- se ha publicado en el diario China Daily un artículo que trascribimos en esta entrada del blog de las parterasdelmundo Lee el resto de esta entrada