Infinita Maternidad

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INFINITA MATERNIDAD

 

Este texto comienza a partir de la sensación frustrante que me acometió cuando publiqué la entrada anterior titulada “Los abuelos y la crianza”.

Confieso que no es la primera vez que me ocurre y hoy me dispongo a afrontarla y acabar con esa congoja porque el impulso de escribir es más fuerte que  las causas que provocan la desazón; hay causas, se me ocurre pensar que no soy un prodigio en la comprensión de la humanidad y tampoco en la pericia de escribir y ambas mermas se confabulan  para impedir que sea más fluida en la construcción de los textos y me cuesta horas de trabajo y concentración tratar de evitar textos muy largos y farragosos.

En descargo a mi frustración yo misma objeto que la Maternidad es inaprensible e inabarcable porque contiene la historia viva del ser humano: siempre igual en su fisiología, siempre distinta en cuanto al impacto de las sucesivas civilizaciones y siempre única en la subjetividad de cada mujer.

Con el consuelo de la monumentalidad de la maternidad me dispongo a matizar y ampliar aspectos que no puse de manifiesto en la entrada anterior del blog.

De todos son sabidas las expectativas que se ponen en marcha en el entorno de cada embarazada; un ser incógnito se ha puesto en camino e inicia su vida intrauterina en un cambio y crecimiento constantes durante un período concertado de tiempo: 280 días en los que aborda las tareas de su propia evolución, llamada en biología “Ontogénesis”, que es el desarrollo de un ser vivo desde su fecundación hasta su madurez sexual. Onto = ente, ser y Génesis = origen.

Activas corrientes de pensamiento se atreven a decir que el ser embrionario aborda también la tarea de la Filogénesis (la evolución de los seres vivos) que es el origen de la vida en la Tierra a partir de una única y primitiva célula y en general se admite en la misma línea de pensamiento que la ontogénesis reproduce la filogénesis, es decir: que el desarrollo del individuo sigue los pasos evolutivos de la especie a la que pertenece.  Filo que significa raza, especie y Génesis que como he dicho en líneas anteriores significa origen

Los  teóricos expertos en la evolución dotan al concepto de la filogénesis desde la primitiva forma de vida hasta la aparición del hombre actual capaz de autogenerar y autoregular su propio pensamiento, lo que significa, según yo lo interpreto, que el ser humano empieza cuando nace y termina cuando muere, sin dar cabida a opciones compatibles con experiencias transgeneracionales y/o de vidas pasadas, concepciones, éstas,  no menos científicas ni menos veraces, pues todas están en entredicho, dado que el misterio de la vida aún está por desvelar.

En este gran misterio tal vez podemos afirmar sin ofender a ninguna de las distintas teorías que El embarazo abre expectativas que afectan al ser en su origen como individuo y como especie en su trayectoria cósmica y en su evolución social y cultural, y en toda su complejidad, el nuevo ser está ligado a la herencia ancestral biológica, psíquica y espiritual del ser humano, mediatizadas las más, por la madre en la etapa de vida intrauterina.

A las tareas e influencias  propias del ser embrionario que ha de gestionar su ontogénesis y su filogénesis se añaden todas aquellas que la madre ejerce sobre él en el embarazo y el parto en primer nivel y después en la simbiosis puerperal del lactante, todas ellas prestas a saltar de forma tan involuntaria como certera en el espacio intrauterino y en el de la primera infancia y una buena parte de ellas, no todas exentas de violencia, dejando improntas de diverso cariz para la vida actual y futura del nuevo ser.

No es fácil asumir el concepto de la violencia del parto tecnológico en una sociedad que ha conseguido reducir la “muerte inherente en la maternidad” a unas cifras tolerables, si entendemos que muerte tolerable es aquella que a pesar de todos los cuidados administrados, no está en nuestras manos humanas evitar y si excluimos del contaje a las mujeres que siguen muriendo a miles en el mundo a causa de la maternidad  a las que no tenemos acceso ni a sus circunstancias ni a la posibilidad de intervención.

No se valora en este texto esa muerte que se nos escapa de las manos y aún así me atrevo a afirmar que allí donde está instalado el parto tecnológico existe una violencia rutinaria e innecesaria que no mata pero menoscaba sobremanera la confortación del ser humano a lo largo de su vida, violencia tecnológica añadida al proceso propio de su desarrollo y a lo influenciado por lo que cada madre arrastra y le transmite en sus gestaciones y en sus partos.

Pero nada es como antes ¿O sí?

La influencia materna sobre la criatura que anida en su vientre se remonta a milenios en los que se fueron desarrollando distintas civilizaciones, importa aquí traer a colación la fecha indeterminada de la dominación de la mujer por el hombre para destacar que ese hecho que perdura hasta la actualidad no se dio por procesos amistosos ni consensuados, sino por asaltos violentos del sexo masculino sobre el sexo femenino al que venció convirtiendo la complementación natural y empática entre los dos sexos del ser humano en una enemistad antinatural que rompió el equilibrio de la vida para dar paso a sociedades machistas en permanente desequilibrio emocional.

Es pertinente ahora tratar sobre la Violencia Irredenta.

Entiendo por violencia irredenta  aquella que no ha sido redimida y para describirla lo más brevemente posible la desgloso a continuación en tres apartados y en los tres relacionada con la Maternidad : Violencia heredada, Violencia implícita y Violencia explícita.

 

1.-Violencia  Heredada: Es aquella que cosifica a la mujer despojándola de su libertad, gestionada ésta por el cuidado despótico que el hombre ejerce sobre ella con una autoridad absoluta  apoyada en la connivencia social. Este orden de supremacía masculina conlleva que el destino de las mujeres esté en manos de los hombres y que estos diseñen el código moral que las mujeres están obligadas a cumplir y asumir por la fuerza y a hacer suyo el orden social y convivencial de las sociedades construidas desde tiempos remotos hasta tiempos más actuales, contemporáneos y presentes por y para los hombres, es decir, para sus propios intereses.

Ahora bien, el hombre no puede disfrutar de su descendencia sin el concurso poderoso y definitivo de la mujer, su herencia/descendencia, el atributo que lo hace “ilusamente” imperecedero, está en manos de la “debilitada” mujer y la maternidad será un arma arrojadiza para negociar todo tipo de transacciones entre la parte oprimida y el detentador del poder.

Es así como la violencia se vuelve contra las criaturas que la viven desde el útero y crecen con ella en las gestaciones no deseadas, forzadas…, en las insinceridades, en el miedo que generan la violencia y la distocia de la armonía y del amor provocando la frustración inmensa de encontrar un barullo de emociones contradictorias difíciles de compatibilizar allí donde debía existir un desarrollo sosegado y amoroso.

De esas perversas negociaciones y de esa perversa dominación han prosperado improntas heredadas de esa violencia antigua que se han grabado en la memoria histórica de los seres humanos y de generación en generación hemos viajado con ese sufrimiento sin que haya sido redimido y aún hoy, presente, asalta y campa por sus respetos en los embarazos, en los partos y en las crianzas, porque en el silencio, en la obediencia, en el miedo, en la ambivalencia, en el desamor… la violencia no se redime, se acumula.

 

2.- Violencia Implícita: Si estamos de acuerdo en que el miedo procede de la violencia no nos costará deducir que la violencia cerca a la maternidad como un alambre de púas, no obstante transitan en la actualidad mensajes a las embarazadas cargados de una intención tranquilizadora, en la que se puede ver, oír, leer y /o experimentar todo tipo de “llamamientos” al parto humanizado, al parto seguro, al parto ecológico, al parto natural, al parto consciente… y a variadas técnicas de preparación al parto en la etapa del embarazo, todo ello enfocado a que la embarazada integre su estado gestacional en un clima de benignidad, alegría, amor y confianza en sí misma y en los profesionales que la acompañan en las diferentes fases maternales.

Pero no es suficiente la preparación que se brinda a las embarazadas para sustraerlas de los mensajes que las acosan desde su interior y desde las plataformas cotidianas de socialización que forman el entorno social que se encarga de ponerlas al corriente de la otra versión del parto: la que asusta, la que horroriza, la que paraliza y de esa información se encargan las abuelas, las madres, las tías, las tenderas y de forma general y cotidiana también colaboran los profesionales  en “informarlas” de todos los terrores por los que se puede pasar en un parto, incluso  en un parto “normal” sin que ello sea necesario ni prudente y se dedican a enumerar los peligros que la mujer afronta en el parto y que por ellos debe ceñirse a un rígido programa de control del embarazo y del parto: las mujeres oyen en las numerosas consultas a las que están obligadas a asistir, de todo: se puede romper la bolsa, se puede desprender la placenta, se puede morir el bebé, se puede contraer una diabetes gestacional, se puede desencadenar una toxemia del embarazo y morir la mamá y el bebé, se puede ahogar el bebé con su cordón, la cadera puede ser insuficiente y necesitará que se le practique una cesárea y es seguro que existe una anemia “fisiológica” …

La gestante con curiosidad  puede indagar por su cuenta en el terreno de la maternidad y se encontrará con horrores que son ciertos, que han sucedido, por citar uno menciono la muerte reiterada de las madres británicas debida a praxis médicas intolerables  (se puede leer más en este mismo blog)  y si la gestante es española se puede encontrar con “anécdotas” que se contaban no hace mucho tiempo relacionadas con las costumbres “bizarras” de la las familias burguesas en relación a las profesiones médicas de sus hijos: los “listos” estudian para cirujanos, los más “limitados” para ginecólogos, el colofón de la anécdota era destacar que no hacía falta mucho talento para la ginecología porque las mujeres lo hacían todo ellas solas…

¿Información o violencia? Cuando una mujer embarazada sale de la consulta se siente compungida, hasta le han dicho que no puede comer jamón, todos son peligros y posibles desgracias. Es cierto también que alguna ginecóloga y alguna matrona no tienen esta visión de la maternidad pero no son desde luego la mayoría y también sucede que existen ginecólogas que se programan cesáreas para resolver sus partos, sin que se hayan manifestado causas objetivas que lo aconsejen y existen también ginecólogas cargadas de tremendos miedos al parto y por consiguiente a la misma vida que pululan por los paritorios  y las consultas fomentando el miedo derivado de sí mismas…

El índice de cesáreas en el mundo es pavoroso y responde a la ignorancia, al miedo y a la comodidad de los profesionales por citar alguno de los factores que nos han estado llevando a esta situación, el más importante de los cuales es la ignorancia y el miedo de las mujeres a su propia maternidad.

En dos mundos opuestos viven las mujeres su experiencia materna en la actualidad. ¿Uno de los dos es falso? No, ambos existen y no parecen ser suficientes para establecer una “entente cordiale” que avance hacia una resolución pacífica y eficiente del parto.

Concretando: La mujer, afectada por la violencia colectiva heredada, no puede ignorar la parte de historia vivida por sus ancestras que le corresponde y que resuena en ella con el primer embarazo. No está presente únicamente esa resonancia ancestral sino que una embarazada cualquiera en cualquier capa social en que resida está expuesta  a la narración frustrante de sus congéneres siempre dispuestas a extenderse en los detalles de sus experiencias más dolorosas y con frecuencia morbosas.

Esta información socializada pesa sobre la gestante y sobre la bebé contribuyendo a atemorizar el proceso gestacional y no nos puede resultar extraña ni ajena la información interna ¿celular? de la mujer que ha obtenido un resultado de sufrimiento compartido con su bebé intrauterina y que esta huella de dolor salte más tarde a la primera gestación de esta bebé y desarrolle en el proceso del embarazo y/o el parto su porcentaje correspondiente de perturbación capaz de dar al traste con una experiencia tan delicada y en sí perturbadora como es la experiencia de la maternidad.

 

3.- Violencia Explícita: Voy a centrar la violencia explícita de la maternidad en el parto, lo que no quiere decir que no exista violencia explícita en múltiples situaciones de la maternidad como es abandonar precozmente la lactancia o no iniciarla por incompatibilidad con el horario laboral y otras dificultades “adlátere” que la vida empresarial y salarial se encarga de presentar a una mujer en vías de ser madre; en la entrada anterior “Los abuelos y la crianza” menciono la necesidad de construir sociedades compatibles con toda la población, pero de eso me encargaré más adelante, ahora es menester exponer lo que yo entiendo por la violencia explícita en el parto tecnológico que ya se anuncia  en la misma definición del término, porque nada hay más lejos de la naturaleza del parto que la tecnología.

La tecnología exige que alguien se ocupe de ella poniendo atención en su funcionamiento mecánico sin el cual no podrían obtenerse resultados y sucede que la atención que se dispensa a ese funcionamiento va en detrimento de la atención que precisa la mujer para quién se usa, con la contradicción de que la tecnología acaba teniendo en el proceso del parto más atención que la mujer.

El proceso tecnológico en el parto nunca puede llegar a ser tan hábil como cuando se facilita y se potencia la capacidad innata de una mujer y su criatura para parir y nacer por sus propios medios,  además  de contar con el inconveniente de que el proceso tecnológico implica en sí mismo violencia.

Es violento provocar un parto para realizarlo tecnológicamente  y es violento resolverlo.

No se puede obviar esa condición de violencia  ni disculparla con el argumento de que el parto tecnológico en hospital es seguro, porque lo cierto y admitido por todos es que lo más seguro existe cuando la mujer y su criatura lo lleven a término sin ninguna manipulación y la aplicación de la tecnología solo es necesaria y es el mal menor cuando un parto tiene dificultades, luego entonces, podemos concluir que la tecnología se presenta necesaria cuando hay problemas y es prudente decir que con la tecnología algunos problemas tal vez no vayan a mayores.

¿Pero tienen problemas el 100  %  de los partos? Si el 100% de los partos tienen problemas es que la humanidad es un problema y si solo una pequeña parte de los partos tiene problemas ¿Porqué se aplica la violencia tecnológica a todos ellos? No queda más opción que deducir que madres y profesionales tienen que revisar profundamente su praxis unos y su nivel de consciencia las propias madres, además de que la sociedad en su conjunto  tiene que dejar de frivolizar sobre la maternidad y poner en primera línea la información y el apoyo decidido de lo que es realmente necesario hacer, y ello es saber, entender y valorar en profundidad  el acontecimiento más destacado y vulnerable de la vida que no es en absoluto dejar en manos de la tecnofármacomedicina el nacimiento de los seres humanos.

La tecnología exige además, que la mujer “colabore” con ella y eso supone desplazar el ensimismamiento debido a la tarea del nacimiento a requisitos antipáticos, violentos y en muchas ocasiones innecesarios de la puesta en marcha de la tecnología, en menoscabo de prestar la atención suprema a la puesta en marcha del poder más grande y misterioso que las mujeres tienen el honor de vivir, presenciar y reconocer en toda su potencia desde el centro de su ser más íntimo y sublime.

La violencia se ha apoderado del parto y del nacimiento tanto por causas endógenas como exógenas desde milenios, las primeras haciendo cargar a la mujer con la “culpa primigenia” por la que se merece las dificultades en la maternidad y la tutela autoritaria del hombre y las segundas por las negociaciones de supervivencia que la mujer ha hecho y sigue haciendo a veces conscientemente y a veces de forma inconsciente  en las que ha puesto y pone un precio a sus hijas e hijos, vencida y entregada a cuestiones mundanas y sociales donde el amor no existe y/o está lesionado y es reemplazado por otros intereses y por necesidades imperiosas a veces confesables y a veces secretas y terribles.

En esas condiciones difíciles hemos entrado a abrazar una versión distinta de la maternidad que se ha abierto a conceptos que quieren cerrar las heridas causadas por largos tiempos de dominación masculina y de la mano de los hombres se está imponiendo la presencia del “padre”, primero investigaron, con la mujer gestando y pariendo como experimento, y después introduciendo al padre en la maternidad a un nivel “igualitario” con la madre.

Las distintas disciplinas que se ocupan de la nueva versión de la maternidad llegan desde hace más de un siglo de evolución, cuyos padres ya han fallecido hace años, tales como Freud, Jung, …por citar los inventores de la psicología analista, casi transpersonal de Jung y el “descubrimiento” del trauma del nacimiento de Otto Rank auténtico precursor de la teoría de las matrices perinatales (tratadas en este blog) diseñadas por Stanislav Groff años más tarde. Las neurociencias se añaden a estas investigaciones con la colaboración intensa de los etólogos (estudiosos por excelencia de los comportamientos de la vida animal en el planeta)

De la participación insoslayable de hombres tan comprometidos en la ginecología, en la maternidad y su divulgación como Frederik Leboyer, Michel Odent y un largo etcétera, ha devenido una gran escuela casi universal de hombres y por fin también de mujeres que en la actualidad trabajan y difunden la necesidad de volver o empezar, según se mire, a trabajar por una nueva forma de llegar a este mundo.

¿Qué hay de esta nueva versión de la maternidad? Aparece a la luz pública cuando Frederik Leboyer en los años 70 del siglo XX publica un libro titulado “Por un nacimiento sin violencia” en el que nos muestra el contraste entre la forma de nacer en la India de un parto íntimo y respetado y la forma de nacer en Europa de un  parto expuesto al mundo de la tecnología.

El contenido del libro es un grito poético que clama por el dolor de la criatura expuesta al frío metálico y ambiental de la sala de partos, al estiramiento de su cuerpo colgado por los pies de la mano de un profesional que le azota en las nalgas para hacerle llorar separándolo brutalmente de la madre y de su placenta cortando el cordón umbilical antes de que pueda dar sus primeras bocanadas de aire, en fin, expuesto a una violencia incomprensible que se ha querido y se ha conseguido hacer pasar por “bienestar científico”.  A esa piedad por el nacimiento del ser humano se adjuntan investigaciones incruentas, una parte de las cuales obtenidas en los sillones de la psicoterapia (relatos de experiencias pasadas expeditivas  y contundentes de los pacientes) y otra parte en estudios diversos de las neurociencias que muestran y demuestran unos y otros el sufrimiento agravado que recibe el ser humano en la experiencia del parto, además del testimonio directo de las madres.

Una vez puesto de manifiesto el desafuero del dolor añadido en el parto, se han puesto en marcha iniciativas  diversas con intención de mitigarlo y corregir lo que pueda ser posible para la pacificación del nacimiento.

¿Por qué no están funcionando? Muchas madres podrían estar en desacuerdo  total con esta pregunta, estoy pensando en las mujeres que se someten a las anestesias peridurales en el trabajo de parto, ellas podrían decir: Mi parto fue muy bien, ha sido un parto sin dolor. Pero ¿podría decir lo mismo el bebé? Obviamente no, ¿O sí?

Veamos: De distinta forma, ambos: parturienta y feto, están sufriendo, la madre recibe una descarga de medicación brutal, hormonas, antibióticos si hay que terminar el parto en cesárea o si exige excesiva instrumentalización, anestésicos intradurales, sueros endovenosos, monitorización constante, horas y horas de mantener una posición

estática, punción o punciones varias lumbares…, esta escasa descripción es solo para los partos con peridural que “van bien”, otras complicaciones llevan a otros sufrimientos y medicamentos y tratamientos altamente sofisticados y profundamente lesivos para los seres en ellos implicados solo soportados paradójicamente por cuerpos anestesiados.

El bebé que no habla también expresa su dolor:

Es habitual que la frecuencia cardíaca fetal haya disminuido significativamente cuando se vuelve a monitorizar el abdomen materno,una  vez terminada la operación médica de la anestesia o analgesia como prefieren llamarla los anestesistas, en obstetricia, ese fenómeno se reconoce como: “es normal” después de la anestesia y también es “normal” y habitual después de la anestesia que el trabajo de parto altere su dinámica deteniéndola y/ o espaciándola y que sea necesario aumentar  la dosis de oxitocina sintética para estimularlo, con lo que el impacto de las contracciones sobre su cuerpo aumenta de manera extraordinaria sin saber si el parto se resolverá en las horas más o menos previstas o se alargará de forma imprevisible, con lo que el bebé tiene que someterse a esa nueva contingencia inesperada.

 

El bebé pierde el contacto con su madre y su madre con él, pues dejan de afrontan juntos el proceso del trabajo de parto y el de la expulsión fetal además que de forma habitual, el nacimiento en un parto conducido por anestesia epidural suele producirse por manipulación obstétrica: fórceps, vacuum extractor (ventosa) y/o con kristeller, además del impacto causado por la medicación materna y la separación sensorial y emocional intraútero de la madre. ¿Podemos decir que el parto por peridural va bien al bebé? Y ¿podemos decir que el bebé no se expresa?

He expuesto aquí una pequeña parte de lo que es un parto conducido por peridural porque se tiende a considerar como un “método de parto” y es necesario distinguir que no entra en las opciones que la nueva era del parto nos propone, pues ésta, maneja propuestas dirigidas a la concepción del parto consciente, respetado, compartido, aceptado y valorado como la primera experiencia trascendental del ser humano y que la madre vive con una participación integral e integrada en un cosmos que no concuerda con las expectativas del parto por epidural.

Así pues, las mujeres en la actualidad se encuentran ante dos mundos maternales que no están conciliados y un tercero también problemático que canta y encanta al feminismo: El mundo de la Igualdad.

Podemos decir que los mundos ancestral y tecnológico entran en la categoría de los terrores maternales y filiales y que el post mundo maternal moderno que surgió tras el desarrollo de la tecnología al que yo llamo el de las propuestas suaves o de llamamiento a la confortación maternal se amalgama con un mundo feminista al que llamo de la igualdad  y si bien no habla en ningún momento de terrores sino que se solapa al mundo “suave” con propuestas de derechos humanos, derechos de ser “madre”, vientres de alquiler, fertilización in vitro etc… sí acarrea un desconcierto y confusión de tal categoría que no se ve por donde podría aparecer una gota de confortación materna.

Este es el panorama:

En España, ver entrada anterior “Los abuelos y la crianza”

En Europa, el índice de cesáreas está entre el 45 y el 55% en Suecia y Finlandia, detrás y en aumento los demás países, el índice de partos con anestesia peridural alcanzan un tanto por ciento superior al 90 para los mismos países (me inclino a destacar Suecia y Finlandia porque son portadores de la etiqueta que les reconoce como los países de mayor calidad de vida de Europa) y los demás países europeos elogian su bienestar al cual aspiran.

Para el resto del mundo me queda añadir que el índice de cesáreas supera el 70% de los partos en ciudades tan numerosas como México DF, Pekín, Santiago de Chile…

Ciertamente, no se ve por donde  ni cómo poder atajar las penalidades en aumento, en cantidad y en calidad de la venida del ser humano a este mundo. Los remedios que parecían oportunos, tipo los modelos modernos de atención al embarazo y al parto no consiguen convencer a la mujer de la capacidad de parir por sí misma y el dolor y la ineficacia se extiende a todo el mundo.

 

¿Qué hacer?

 

En primer lugar, desde mi punto de vista, es reflexionar sobre estos sobrecogedores datos de los que he estado escribiendo y no de todo pormenorizados ni de todos los casos terribles que aparecen posteriormente en las consultas de diversas terapias buscando consuelo para aliviar el desconsuelo profundo de un nacimiento torturado de forma tan  voluntaria  como inconsciente.

En segundo lugar, lo que propongo es que las mujeres hagan caso omiso todo lo que puedan en relación a los cantos de sirena que llegan introduciendo al “padre” en los paritorios y ahí se queda: “porque somos nosotros, los hombres, los de siempre, los que mandamos”, los que las mujeres recordamos en nuestras pesadillas, los que ahora nos proponen y nos imponen su presencia en nuestros partos y nos dicen y nos obligan a parir como ellos quieren, a su manera “como lo harían ellos en caso de que ese poder estuviera establecido en su cuerpo,  no es nuestra manera de parir y no lo es porque esa forma masculina de parir nos ha llevado al trance de perder la posibilidad de hacerlo por nosotras mismas. Hace falta un freno a la intromisión brutal masculina en el interior de nuestros úteros, de las cunas de nuestras hijas e hijos. Es preciso rescatar primero a la mujer de sus penurias ancestrales y actuales y después rescatar a los hombres de su melancolía, pero no al revés.

En tercer lugar, me parece imprescindible desatar los vínculos de esta sociedad atada por los intereses masculinos y liberar a nuestras hijas del peso sobre sus espaldas de la otra mitad de la población y dedicar ese esfuerzo a parir y amar incondicionalmente a nuestros hijos e hijas y aprender a defenderlos de lo que no es verdad, con eso bastaría.

 

Carmen C.

 

 

 

 

 

 

 

 

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los abuelos y la crianza

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LOS ABUELOS Y LA CRIANZA D E LOS NIETOS

 

Es moneda corriente en España que los abuelos cubran las carencias de una ineficiente organización social y es corriente también que las soluciones que se proponen no cubran las necesidades para las que fueron propuestas, en general porque no hay recursos económicos ni bien pensados disponibles para tal fin y en particular, porque las iniciativas que se emprenden acaban siendo igualmente insuficientes.

Ante la insuficiencia de nuestros servicios sociales se presenta la envidiable posición de los países nórdicos: leemos, vemos reportajes, viajamos a esos países que nos muestran una organización social de lo más cercano a la “excelencia” para nuestros parámetros de bienestar social.

Ahora bien ¿Qué es el bienestar social?

Entre otras muestras de bienestar, la posibilidad financiada por el Estado de un puerperio alargado hasta los dos años del bebé y más allá sin perder la situación laboral anterior, lo es.

La atención de los mayores que no se ven obligados a pasar en residencias geriátricas los últimos años de su vida, también lo es.

Hasta aquí concuerdan nuestras aspiraciones a disfrutar unos servicios sociales similares a los de los países nórdicos pero si nos paramos a observar otros asuntos que pasan entre la infancia y la vejez en nuestro país y en el norte podemos colegir que ambas sociedades son insatisfactorias.

Unas y otras y tal vez, todas las sociedades derivan del tribalismo, de la necesidad de convivir en grupo para garantizar la supervivencia individual y la supervivencia de la especie; desde entonces se han sucedido diversos modelos de sociedad, ninguno perfecto se puede señalar, pues las noticias que llegan del pasado, más o menos creíbles, nos enseñan permanentemente sociedades de sumisión entre iguales.

La más llamativa sociedad que ha sobrevivido a todos los modelos de dominación entre hombres y que aún perdura en el seno de la sociedad nuclear e igualitaria  es la dominación sobre las mujeres.

La ausencia de las mujeres en la construcción de las sociedades humanas es la causa de que las sociedades actuales no encuentren el equilibrio necesario para ser satisfactorias, he aquí un ejemplo que puede sostener estas aseveraciones:

Al primer golpe de vista e incluso al segundo podemos valorar la sociedad de los países escandinavos como modélica, si tomamos como referencia el hecho de la igualdad entre sexos, que ha llevado a un reparto igualitario de tareas y oportunidades en la moderna y tecnológica sociedad actual de los países nórdicos.

No obstante, no parece ser el parámetro de igualdad capaz de salvar a los ciudadanos nórdicos de vivir en una mayoría de hogares habitados por una sola persona o dos, los adultos solos y los niños solos, pues es habitual la familia monoparental  constituida por un adulto, madre o padre y un niño o una niña, que espera en soledad largos espacios de tiempo hasta que llega a casa su adulto de referencia, a su vez está creciendo la compra por Internet de equipos completos de inseminación artificial que muestran una soledad profunda y carente de amor esencial.

Si la soledad se manifiesta en los inicios de la vida no es diferente para terminarla y sucede que un 46% de las personas fallecidas no son reclamadas por nadie y los países nórdicos tienen la tasa más alta de suicidios de Europa. Cifras no muy recientes, de hace 10 años, colocan la primera causa de muerte en Finlandia por ingesta incontrolada de alcohol. La violencia física y/o sexual contra las mujeres alcanza un porcentaje de más del 45%.

Llevada a su completitud la sociedad nuclear igualitaria, es decir, desparecidas las contingencias del patriarcado y el machismo en la organización social, descubrimos una sociedad insatisfactoria e infeliz en su conjunto. No obstante circula por todas partes, sobre todo en las agencias de viaje una cantinela de “países nórdicos, países felices”.

Este ejemplo tan largo que he descrito ha tenido el objeto de señalar que la organización nuclear de la sociedad, la igualdad de género y la abundancia de recursos económicos no determinan por sí mismos una sociedad feliz y ese componente de infelicidad la hace insatisfactoria.

Volvamos al título del texto, sobre los abuelos españoles: en estas fechas en las que escribo, los abuelos españoles trabajan a jornada completa, ocupan las calles reivindicando un aumento en sus pensiones y muchos de ellos se encargan de los nietos mientras que padres y madres cumplen con su jornada laboral, ambas tareas están relacionadas:

Los salarios de los trabajadores españoles no alcanzan para evitar la implicación de los abuelos en el cuidado de sus hijos y la tasa de paro es tan alta, que a los abuelos no les alcanza la pensión para poder seguir ayudando a sus hijos desempleados.

Y ambas cuestiones son materia de Estado.

Además de los abuelos, las calles se ven también ocupadas por las mujeres, ellas han salido a la calle, con sus madres, con sus hijas, con sus hermanas, con sus abuelas, con sus amigas, han salido a gritar: Basta ya.

Y ese grito nos muestra una sociedad insatisfactoria:

Ellas tienen a sus hijos al cuidado de sus padres.

Ellas no pueden tener el número de hijos que desean y muchas de ellas no pueden tener el primero.

Ellas tienen un salario que no alcanza para sostener una familia y muchas de ellas no tienen trabajo.

Ellas tienen cercana una visión de violencia machista y algunas de ellas la sufren en sí mismas.

Ellas no pueden formar aunque quisieran una familia nuclear igualitaria.

Ellas son dependientes de sus familiares a largo plazo.

A pesar de todos los imponderables,  a Ellas se las ve contentas en la calle, felices, tranquilas, muchas de ellas han dejado los delantales colgados de los balcones de las ciudades que procesionan ¿Acaso están locas?

No, están vivas, han salido a las calles en amor y buena compañía a gritar: BASTA YA.

Basta ya a la violencia social que genera machismo, brecha salarial, desprecio institucional por la maternidad, por la infancia, por la vejez, por la vida en equilibrio razonable.

Basta ya de un poder político que se debate entre la corrupción y el ombliguismo.

Ellas, las mujeres, han salido a la calle y han puesto en jaque mate a la sociedad patriarcal que  nos precede y a la sociedad nuclear que nos invade y han destapado una realidad insatisfactoria y una tarea pendiente.

Una realidad insatisfactoria en una sociedad diseñada por y para hombres: Un diseño masculino para el nacimiento, las ciencias, las letras, las modas del vestir, del adorno, de la gastronomía (qué se come, a qué horas se come, a qué horas se trabaja) el diseño masculino se extiende a las costumbres cotidianas, al ocio, al pensamiento hasta conseguir la colaboración de las mujeres en la transmisión de la preferencia por el hijo sobre la hija legitimando la supremacía del hombre (por supervivencia)…

Acabo aquí esta relación de agravios porque sería muy largo y tal vez imposible enumerar el daño que la supremacía del hombre ha cometido contra la mujer y a la vez contra sí mismo, pues no es gratuito dañar a la madre – el ser más amado por propia y pura esencia humana –

Este daño presente en mayor o menor medida en todos nosotros puede empezar a subsanarse y esa es la tarea pendiente de ELLAS:

Construir de la mano con la colaboración de Ellos una sociedad armónica, respetuosa con las dimensiones física y espiritual del ser humano.

¿Cómo se construye una sociedad satisfactoria? Aportándole Amor Incondicional.

¿Dónde está el amor incondicional?  En la MATERNIDAD.

¿Cómo se vierte el amor incondicional en la construcción de una sociedad satisfactoria? Cambiando la manera de nacer:

Devolverle a la mujer el protagonismo intrínseco y legítimo de la Maternidad:

Desmontar la falsa verdad que se oye en todos los rangos sociales de que “El parto tecnológico es una opción obligada de parto sin riesgos” cuando la verdad sería decir que los riesgos del parto se agravan en un parto tecnológico rutinario.

Promover una formación de acompañamiento al parto en la que obstetras, comadronas y parteras convivan con experiencias naturales del parto y no exclusivamente con la noción médico-quirúrgica  y por tanto enfermiza del parto.

Transformar la formación masculina médico-quirúrgica de los profesionales heredada de tiempos sumamente machistas incorporada a la formación actual en comprensión de lo sutil de una experiencia única encardinada en el cuerpo, en la memoria y en el psiquismo de dos seres que forman temporalmente uno solo y ambos dependientes e independientes a la vez uno de otro.

La formación de las personas que acompañan embarazos y partos tiene que acercarse a las embarazadas humilde y respetuosamente y aceptar que el fenómeno de la concepción, el embarazo y el parto – de la maternidad – contiene la capacidad de autodesarrollarse y autoresolverse con excelente maestría, en un medio de amor incondicional, misterioso, natural y pleno de sabiduría.

Numerosos profesionales y numerosas parturientas han tenido la oportunidad de asistir y acompañar partos que se han resuelto de manera incomprensible (sin intervención de la madre ni del profesional)

Numerosas mujeres han experimentado en sus partos la sensación irreprimible de estar dando a luz sin empujar voluntariamente al tiempo que asisten a un episodio no controlado por ellas de enorme y sabia autonomía.

Puede ser esa peculiaridad del parto lo que Michel Odent llama de forma que se asemeja a un proceso científico: Eyección fetal y que en realidad es nada más y nada menos que la capacidad numinosa y sublime de la Maternidad.

Pues bien, cuando la madre confía en su capacidad está transmitiendo a su criatura no nacida confianza y seguridad a la vez que circula entre ambos el amor incondicional.

Construiremos la sociedad satisfactoria cuando rescatemos el nacimiento de la violencia machista que el “parto sin riesgos” y la ideología que lo sostiene nos imprime y esa es la tarea pendiente de las mujeres a que me he referido más arriba. Arremeter con esta tarea y ponerla en marcha solo puede traernos paz y alegría de vivir, es decir, sociedad satisfactoria.

 

Carmen C.

PREPARANDO EL NACIMIENTO: Qué se encuentra un recién nacido al llegar al mundo y qué necesita*

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El nacimiento humano es un tema que se presta a un abordaje muy variado, desde múltiples enfoques, yo planteo que lo abordemos de forma que no sea un parlamento pesado y arduo sino que situemos los ejes centrales de la conversación y  a partir de tenerlos anclados charlemos entre todas de los que ellos sugieren.

Sugiero que partamos del nacimiento humano moderno – que no es distinto al nacimiento humano antiguo, claro está- pero sí muy distinto en los enfoques socio- políticos, culturales y psicológicos; tomaremos el enfoque que nos interesa recoger para observar la evolución del tratamiento del parto a la luz de las teorías -fundamentalmente psicológicas – que sobre él se han cernido. No abordaremos el aspecto puramente social del parto que para mí es aquello que se destila en la sociedad para consumo de todos, ya sean ideas, costumbres, sexismo, machismo u otras ideologías varias que influyen en el parto y son moneda común en  nuestro quehacer diario.

Aunque pueda parecer que me aparto del tema en lo que a continuación voy a exponer, veréis en seguida que retomo el subtítulo de la charla – Qué encuentra y qué necesita un recién nacido cuando llega a este mundo – lo haremos así para poder enlazar adecuadamente con lo que queremos contar, pues la cuarta matriz perinatal de Stanislav Grof aboca directamente a las necesidades que el bebé precisa abastecer cuando nace.

No invento nada si digo que Freud fue el pionero más destacado en introducir el concepto del psiquismo como parte actuante en la vida consciente de las personas y la influencia del inconsciente individual sobre la vida cotidiana consciente de los individuos haciendo de ella un tormento si los traumas ocurridos en la infancia no se resuelven adecuadamente, para lo cual propuso la terapia del psicoanálisis.

Se popularizó el concepto de complejo y entre los variados complejo nos cabe para este tema traer a colación el “complejo de castración” que consideraba estar sobre las cabezas de todos los niños y niñas presto para desarrollarse por poco que las condiciones lo permitieran y que consiste en la forma de entender en la infancia la sexualidad que en esa etapa de la existencia –dice Freud– “tienden a focalizarla sobre el sexo de los padres”, según sea esa focalización, sobre la madre o sobre el padre, el complejo será de Edipo o de Electra –distinciones que teorizaron posteriormente los psicólogos en aquel tiempo– ambos complejos están basados en el complejo de castración que Freud consideró deberse a la sensación que niños y niñas padecen cuando ven en sus cuerpos las diferencias sexuales –las niñas de estar castradas por la falta de pene y los niños  amedrantados por la posibilidad de perderlo. Teniendo la sexualidad como centro de los complejos en la edad infantil se discutió mucho sobre el tema y sin poder dar con la solución a este problema pues el psicoanálisis no iba dirigido a los pequeños sino más bien y con mayor “aprovechamiento” a personas adultas que manejan el lenguaje en suficiente amplitud como para poder liberarse de un trauma al traerlo al presente por la palabra (el psicoanálisis que hemos mencionado antes), cuestión que no es aplicable a un niño.

Sirvió este debate entre otra multitud de cuestiones (acabó dando paso a la última rama de las escuelas de psicología, la llamada “psicología transpersonal”) para que uno de los discípulos de Freud, Otto Rank avanzara en la datación de los sufrimientos de la infancia: una infancia que se ve castigada por esa deprimente falta de pene y que presenta como “natural” la pérdida de un órgano que produce dolor y en consecuencia miedo. Eso fue cuando al final de la segunda década del siglo XX Otto Rank publicó un ensayo que iba a dejar en segundo plano los complejos de Edipo y Electra derivados de la “castración” para centrar su atención en “El trauma del nacimiento”.

El trauma del nacimiento quita importancia al complejo de castración y, entre otras cuestiones, supone la aceptación de que existe un sufrimiento inherente a la sexualidad de las personas y coloca el primer sufrimiento del ser humano en su mismo nacimiento: El nacimiento es la pérdida del paraíso que representa la vida intrauterina: Empezamos a ser antes de nacer y sufrimos para nacer. La sexualidad es sufrimiento.

Estos planteamientos apoyaban las teorías religiosas que confieren al embrión la categoría de ser humano cuya alma aparece en una semana precisa del embarazo –en el embrión niño se presenta una semana más pronto que en el embrión niña. Al mismo tiempo existía, y aún existe en amplios sectores de la población, la convicción de que el bebé intrauterino está exento de la problemática del entorno que lo envuelve y de la problemática de sus padres.

Otto Rank culpó al parto de ser el agente causante de la pérdida del paraíso y años más tarde, en pleno siglo XX y XXI, los investigadores que se ocuparon de estos temas que por citar un nombre clave nos centraremos en Stanislaw Grof –psiquiatra que en la actualidad aún batalla en los terrenos de la consciencia del ser humano– describió las matrices perinatales para que podamos entender a lo largo del parto el drama humano de trascender de un mundo invisible, sutil e inconsciente a un mundo encarnado, material y consciente que es al que se llega cuando se han podido rebasar las cuatro matrices.

La primera matriz perinatal: Corresponde al estado de gestación previo al parto, llamado también urobórico, se identifica con una experiencia de felicidad, de paz, de amor, una sensación oceánica (así la describen testimonios de adultos a los que se les ha guiado en una regresión terapéutica) y con un estado amplio de consciencia, sin límites, de identificación con la madre, simbiosis materno-fetal.

La segunda matriz perinatal: Va desde las primeras contracciones del parto hasta la  dilatación completa. Es la desesperación, la locura, todo se ha vuelto al revés, el dolor físico y emocional aparecen, también una sensación de callejón sin salida, impotencia, apremio, ansiedad, peligro de muerte, claustrofobia, es el periodo de dilatación.

La tercera matriz perinatal: Es la del descenso por el canal del parto, es la opresión, la asfixia, sentimientos de muerte. En la desesperación  se ve salida  al final del túnel. Esta matriz está relacionada con la agresividad, el dolor, la ansiedad, la excitación y el placer, una experiencia ambivalente que genera memorias que alternan entre el sentimiento de víctima y de verdugo. Es el periodo expulsivo.

La cuarta matriz perinatal: Es el fin de la tensión y la lucha por salir del canal de nacimiento, la vivencia de esta matriz está relacionada con el acogimiento, el vínculo del recibimiento, la muerte y el renacimiento, es el encuentro con el mundo exterior. Es: Lo que ocurre después de la tormenta y de eso es de lo que vamos a tratar ahora.

De nosotros, los que acompañamos el parto incluyendo a la madre, depende en gran medida si la tormenta que el bebé acaba de atravesar vira hacia naufragio o hacia una navegación serena que lo deposita en un puerto seguro.

¿Qué encuentra el bebé que asoma su cabeza a este mundo, incluso antes de que su cuerpo haya terminado de salir? Un cambio de temperatura nunca percibido sobre su cuerpo: pasa de la tibieza dentro de la bolsa amniótica al calor o al frío del medio externo. Un impacto desconocido del aire sobre su cuerpo donde antes estaba la semiingravidez de su refugio uterino, blando y ligero, ahora es pesado. Un espacio ilimitado sin madre donde antes había un espacio limitado, concreto, adaptable, exclusivo, con madre. Una textura del medio ambiente seca donde antes era húmeda y cálida. Un ruido ensordecedor donde antes era silencio. Una luz cegadora donde antes era oscuridad. Bocanadas de aire que se infiltran como el fuego hasta los pulmones (así describe Frédérik Leboyer las primeras inspiraciones del recién nacido) donde antes no era menester la acción de respirar para vivir.

Un vacío total, sin límites donde antes era un continuo entre dentro y fuera, sin distinción, sin distancia, sin aristas, limitado e ilimitado al mismo tiempo, en simbiosis perfecta con la madre.

No podemos dejar de ver a través de esta vivencia el drama de la trascendencia vital del nacimiento por el que hemos pasado todos los seres nacidos de mujer, en ella estamos inmersos hombres y mujeres. Cada uno de nosotros hemos vivido intensamente nuestro nacimiento, las mujeres que además son madres pasan por varios nacimientos, el propio y el de sus hijos, y los hombres y las mujeres que no han sido madres tienen la experiencia de su propio nacimiento. Todos hemos vivido nuestra propia maternidad, todos hemos llegado más o menos maltrechos a la cuarta matriz perinatal.

¿Qué ansiamos encontrar cuando acaba la travesía? Ansiamos el reencuentro con una referencia de los dos mundos a la que asirnos: del mundo recién abandonado y del mundo recién encontrado. Esa referencia es la madre.

Buscamos la madre: Su olor, su sabor, su regazo, su voz. Cuando un bebé nace, un buen acompañamiento es aquel que no lo separa del cuerpo de la madre sino que lo mantiene encima de ella y en la ascensión a sus brazos ya lo mece con sus palabras suaves y tiernas de bienvenida a la vez que sus brazos lo izan hasta su regazo. Allí, en el regazo, la madre abraza a su recién nacida criatura, la conforta, la seca, la calienta, la sostiene y la mira.

Reencontrada la madre ¿Qué necesita un recién nacido?

En el primer instante:  Una acogida amorosa, cálida, pacífica, silenciosa, una escucha activa y pasiva al mismo tiempo: para saber que nos dice su llanto, su actitud: si está horrorizado oprimir y susurrar puede serle útil, si llora le irá bien un susurro materno acompañado de un leve balanceo, si el bebé está sosegado respetar, abrazar siempre y observar atentamente para empezar a conocerlo, darle el tiempo que necesite para calmarse sobre el regazo materno, no manifestar prisa ni ansiedad, transmitir seguridad y amor, hablarle con sinceridad y amor, mantener  contacto continuo con su cuerpo, mantener una buena temperatura corporal, que no pase frío, tapar la cabeza y evitar que pierda energía.

Después del primer instante ¿qué hacer? Cortar el cordón, arropar, ofrecer el pecho si no ha manifestado antes  intención de succionar, facilitar su descanso, combinar el silencio con un sonido familiar para el bebé, como música que haya escuchado en la gestación y que le gustaba o simplemente el sonido ambiente de su entorno de los meses anteriores al parto para que sepa que no se ha perdido, que el mundo del que viene está presente. Puede estar agotado el ser que llega, en ese caso es posible que no tenga energía suficiente para succionar y hay que esperar con paciencia a que se restablezca, puede ser que prefiera dormir a otras actividades, hay que respetar esa tendencia al sueño que tal vez le sirva para armonizar su ser maltrecho del parto.

Y siempre:

Mantener una actitud en la que esté presente la comprensión, la observación respetuosa, la atención: a su llanto, a su sueño, a su alimentación, a sus indisposiciones intestinales, a sus deposiciones, a su expresión, a sus miedos…

 Combatir la peligrosa tendencia a pensar que sabemos todo lo que tenemos que saber del recién nacido y que lo conocemos. No es cierto, el recién nacido es un desconocido incluso para sí mismo, tiene que empezar de nuevo aquello que quedó pendiente en la vida intrauterina: sus recuerdos, sus olvidos, tiene que aceptar la no existencia de su vida anterior, tiene que adaptar su consciencia a un mundo nuevo que no conoce y en el que tampoco lo conocen a él.

Si el bebé ha pasado por un parto terrible necesitará tiempo y comprensión para superar los desgarros que le haya causado. Si un bebé con un  parto traumático acude al sueño para olvidar y reponerse, hay que acompañarlo y ayudarle a despertar.

No hay que dar por hecho que lo sabemos todo de los bebés y tratarlos desde nuestra perspectiva de adultos, tal vez ayude más partir de la humildad y reconocer nuestra ignorancia sin querer suplantar con respuestas inadecuadas lo que no sabemos. Por ejemplo: si el bebé no responde a una “orden” o a un prototipo que se supone “para bebés” no hay que entrar en el juego de los prejuicios y decir: “Es un vago” porque no haya reaccionado a los requerimientos de un adulto o no se obtenga de él la respuesta esperada.

No se debe entrar en ninguna tesitura de la cual se desprenda un menosprecio para el bebé.

La ley que funciona a la hora de acompañar a un bebé en buena salud es intentar comprenderlo, ponerse siempre de su lado, respetar sus tiempos y sus ritmos, si le gusta el silencio proporcionárselo, si le gusta la oscuridad no aturdirlo con la luz, si quiere estar solo no agobiarlo con una presencia excesiva o invasiva, si quiere estar acompañado complacerlo, si llora consolarlo, el llanto es un modo de expresión, generalmente de incomodidad, a veces por dolor, a veces por hambre, a veces por sueño, a veces por exceso de ruido o de estimulación. El bebé sabe cuándo lo juzgamos, cuando lo aceptamos, cuando nos resulta pesado, cuando lo queremos, el bebé tiene un nivel de consciencia diferente al nuestro de adultos y no debemos intentar poner su consciencia al mismo nivel que la nuestra ni menospreciar la suya por considerar que no nos comprende, seguramente no nos comprende pero su nivel de consciencia comprende perfectamente cuando es aceptado, juzgado, rechazado, menospreciado o amado incondicionalmente.

Si no sabemos qué cosas funcionan con el bebé para su perfecto confort sí sabemos que el amor, la paciencia, la comprensión, la transmisión de seguridad, la observación amorosa y el respeto funcionan siempre.

CUANDO EL BEBÉ DUERME DEMASIADO

Tanto cuando un bebé duerme demasiado como demasiado poco o llora constantemente o en exceso hay que extremar el cuidado, no se puede tildar a los bebés que tienen esas dinámicas de que “ellos son así” porque lo que ocurre es que nos están pidiendo auxilio, las tareas con los bebés han de ser muy cuidadosas porque se expresan de distintas maneras y nunca como cabe esperar de ellos, de hecho no hay nada que esperar de ellos sino estar a su servicio con una actitud tranquila, firme, segura, sostenedora, amorosa, diligente y comprensiva.

Hay que tener en cuenta que la respuesta de un bebé a una incomodidad que no está llevando bien puede hacerle dormir para olvidar esa incomodidad con la que no puede.

Dormir lleva al inconsciente a lugares anteriores al nacimiento tan ignotos para nuestra consciencia como ignoto es para nosotros la forma en que el bebé se defiende de sus traumas de nacimiento y/o de un mal acogimiento. En estos casos hay que respetar ese sueño excesivo sin menospreciar la poca actividad vital del bebé ni su falta de energía para estar más tiempo en vigilia, acompañar significa también estar prestos a que su alimentación sea la que necesita e ingeniarse la forma de nutrirlo convenientemente sin perturbar su necesidad extra de dormir, lo mismo ocurre con bebés que lloran en exceso, duermen poco, se despiertan gritando y no se ven sosegados cuando están en vigilia.

Hay que estar atentos para despertarlos, para dormirlos, para sosegarlos, para conducirlos con dulzura por este mundo que no le ha empezado a ser grato desde el comienzo.

La observación atenta y diligente en el primer año de vida va  a ser crucial para que el bebé olvide los agravios recibidos y confíe en el mundo. Conseguir ofrecer un acompañamiento de calidad a un bebé es la tarea más difícil, necesaria, preciosa y agradecida a la que nos podemos encomendar en los primeros años de vida del ser humano. No escatimemos esfuerzos.

Carmen C.

* Texto de la charla realizada el 18 de mayo de 2016 con y para  mujeres embarazadas convocadas por la asociación de lactancia “Lactabebé”

La observación ingenua

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Me mueve a escribir esta entrada su propio título: “La observación ingenua”, aseveración manifestada por el Dr. Boris Cyrulnik en su libro titulado: “Bajo el signo del vínculo” cuya portada muestra una silueta de mujer que envuelve otra silueta en su interior representando un bebé y en su contraportada los siguientes datos curriculares del autor: Neurólogo, psiquiatra, psicoanalista, uno de los fundadores de la Etología humana [1], profesor de la universidad de Var, responsable de un grupo de investigación clínica en el hospital de Toulon (Francia). Lee el resto de esta entrada

Los cetáceos y el nacimiento humano

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belugas

Esta foto apareció en octubre del año pasado en un diario chino acompañando la noticia del nacimiento de una ballena en un parque oceanográfico [ver noticia]. La imagen nos transporta directamente a los fascinantes relatos e historias de la investigación de Patrice Van Eersel en su libro El Quinto sueño que yo terminé de traducir hace más de dos años y del que hablamos en la entrada del 20/04/2012 con motivo de su estrecha relación con el tema del que se ocupa este blog: el ser humano y el nacimiento. Lee el resto de esta entrada

El Parto Sagrado

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Hace unos años asistí el segundo parto de una mujer africana que ingresó en el hospital por  “bolsa rota”, proceso llamado también amniorrexis espontánea, rotura prematura de las membranas amnióticas y en América Latina, rotura de la fuente.

Era madre de un anterior hijo pequeño aún y con su marido constituían una  familia fuera de su país, ellos convertidos en sus únicos acompañantes que no pudieron permanecer con ella en la habitación que se le asignó en la Unidad de Ginecología y Obstetricia y que habitó con otra mujer ingresada como ella durante toda la noche y toda la mañana del día siguiente.

Sin contracciones que anunciaran el comienzo del parto y con más de 24 horas de bolsa de las aguas rota, Lee el resto de esta entrada